Teoría de la Conspiración: ¿Realidad, paranoia o conspiranoía? por Karmele Sayans (in memorian)

  • Red de Prevención Sectaria REDUNE

 

RedUNE con la edición del presente artículo de candente actualidad, homenajeamos y reconocemos  a nuestra amiga y compañera.

Las secuelas psicológicas del proceder coercitivo que provoca en las victimas del sectarismo, como en sus familias, fue el campo de actuación profesional de Karmele Sayans.

 

¿Qué opina sobre la afirmación de que el gobierno nos manipula mediante los medios de comunicación para fomentar en nosotros conductas consumistas? Y si le dijera que hay una élite que controla el mundo formada por extraterrestres que esclavizan al ser humano como una «granja humana» para sus propósitos de poder y riqueza, ¿le resultaría igual de fácil de creer?

La Teoría de la conspiración es un planteamiento alternativo a la historia de la humanidad, que entrelaza hechos reales con fragmentos de series y películas para construir una realidad paralela, en la que los malos se concentran en los asientos de la sociedad mientras ven sufrir a una población cargada de trabajo y angustia por llegar a fin de mes. Los seres humanos se encuentran esclavizados y adormilados por los medios de comunicación y un sistema educativo que los adoctrinan bajo una falsa realidad que los seguidores de esta teoría denominan la Matrix.

Para hacernos una idea aproximada de su número de adeptos, revisemos una de las fuentes de información más visitadas: la web mundodesconocido.es registra en mayo de 2016 más de cuarenta y cinco millones de visitas; y el libro de su webmaster, La conspiración reptiliana y otras verdades que ignoras, publicada en marzo de 2015, se anuncia ya en su sexta edición.

The Matrix, una película de culto

Esta película, que se estrenó en España en junio de 1999, describe un mundo virtual en el que los seres humanos se encuentran conectados mediante cables enchufados en sus cerebros para dar energía a las máquinas. Morfeo, líder de un pequeño grupo de rebeldes conscientes de la verdadera realidad, contacta con Neo, un joven informático, a quien cree el elegido para liberar a la humanidad de la esclavitud. En su encuentro le ofrece dos alternativas: tomarse la pastilla azul para integrar lo descubierto hasta el momento en su vida y abandonar la búsqueda de la verdad, o tomar la pastilla roja y despertarse de la Matrix, de ese mundo irreal que se presenta ante sus ojos para ocultarle que es un esclavo al servicio de las máquinas.

La conspiración sectaria

Actualmente vivimos en un mundo que la mayoría de la población siente injusto. Los medios de comunicación se hacen eco de guerras de poder, de políticos que no hacen su trabajo y roban a base de primas por favores entre colegas, familias desestructuradas víctimas de adicciones por querer evadirse de una realidad oprimente, y relaciones paternofiliales afectadas por un sistema educativo que mantiene ocupados a sus alumnos con un proyecto exigente que les absorbe su tiempo libre y, a la vez, les genera un sentimiento de frustración y desmotivación por un panorama laboral desalentador. Un mundo en el que muchos gritan en silencio su desdicha y ocultan su miedo a perder su derecho al consumo, donde hallan su sentido de vida y subsistencia.

Esta dura realidad convierte a sus víctimas en sujetos vulnerables a la manipulación, y las sectas destructivas se hacen eco de estas necesidades para hacer de las crisis personales su mayor negocio. Este panorama, un tanto desalentador, está favoreciendo además la popularidad de las terapias alternativas y el esoterismo, que también son defendidos por los seguidores de la Teoría de la conspiración.

Aceptar estas nuevas visiones, incluso cualquier otra creencia, requiere una función compleja de desaprender mucho de lo que se sabía, lo que exige demasiado esfuerzo al cerebro; por ello, este intenta atajar el proceso escogiendo a un guía que le dé mascadas las creencias. Estos líderes, que se encuentran amparados bajo grupos denominados sectas destructivas, utilizarán técnicas de lavado de cerebro para destruir la autoestima de sus seguidores y hacer de ellos fieles seguidores a su causa. Promovida la identidad grupal, sus miembros se alejarán de sus amigos y familiares para abrazar una «verdad absoluta» que les aportará la denominación de elegidos y, en el caso particular de esta teoría, la de «despiertos».

Aprendiendo a girar 180 grados

La Teoría de la conspiración tiene su propia fórmula para hallar la «verdad absoluta». Se coge la versión oficial que se ofrece en los medios de comunicación y en las escuelas, y se le da un giro de 180 grados a su objetivo. Desarrollemos un ejemplo medianamente sencillo: las campañas de nutrición y actividad física tienen como objetivo lograr que la población adquiera hábitos saludables. Si ahora aplicamos la fórmula de darle la vuelta, nos encontraremos con que la élite busca introducir cánones de belleza prácticamente inalcanzables para hacer que la gente se sienta frustrada e insatisfecha, y consuma de forma compulsiva los productos y servicios que se han creado en torno al culto al cuerpo.

Al principio, la mayoría de las personas se resisten a aceptar estas nuevas creencias, debido a que supone una salida de la zona de confort, poner patas arriba un sistema de valores ya arraigados para moverse en lo desconocido. Teniendo en cuenta que la Teoría de la conspiración parte de sucesos reales para captar la atención de sus futuros adeptos, estos cuestionamientos resultan aceptables para un cerebro dado a la indagación. Si se incentivan estas dudas con respuestas sencillas y encadenadas entre sí bajo la denominación de ser un ser elegido, un ser «despierto», el ego inflamado se decantará por aceptar las consecuencias de su crisis personal y tomar «la pastilla roja» que le ofrezca su guía. El sujeto que se sienta desbordado por la información obtenida se verá en la obligación de escoger la toma de la pastilla azul, esto es, abandonar el lugar privilegiado que se le estaba mostrando ante sus ojos y aceptar lo que había descubierto, intentando reintegrarse en una sociedad que ha comenzado a asimilar como su enemigo.

Dicen que la mejor defensa es un buen ataque y la prevención nuestra mejor arma; así que os daré unas claves para identificar los mecanismos de estos grupos y sus efectos.

Los efectos secundarios de la pastilla roja

Las sectas destructivas necesitan su tiempo para generar el lavado de cerebro; por eso, sus planteamientos iniciales suelen partir de unas premisas verdaderas. Cuando las técnicas coercitivas consiguen poner patas arriba la construcción que el adepto tenía de la realidad y de su sistema de valores, el neófito es capaz de aceptar creencias absurdas, al dejar de utilizar la razón para su cuestionamiento.

Creer es libre. Es un derecho que nos permite buscar nuestro camino para darle un sentido a nuestra existencia. Será normal que seleccionemos las fuentes de información para desarrollar nuestro conocimiento, y necesitaremos contrastar las informaciones para desarrollar un pensamiento crítico. Será aceptable compartir nuestro tiempo con aquellos que sintamos afines a nosotros, incluso que defendamos con fervor nuestras creencias. Pero hay actitudes y conductas en el neófito que nos deben alertar: el adepto necesita mantenerse informado y, cuando no puede acceder a sus fuentes de información, siente un malestar significativo, como si algo importante le faltara en ese momento; dedica un tiempo excesivo a su formación, llegando a descuidar incluso sus obligaciones cotidianas; sus conversaciones giran en torno a la nueva realidad que está descubriendo, y posee en su vocabulario nuevos términos solo comprensibles entre los miembros de su misma doctrina; menosprecia a los que no comparten sus creencias y cambia de forma significativa su vestimenta, rutinas y aficiones. Incomprendido por seres que considera inferiores, el que ahora se identifica como un ser elegido se aislará de su entorno próximo, familiares y amigos e incluso, si se lo puede permitir, se aislará de la sociedad.

Tomar la «pastilla roja» no tiene marcha atrás. La Teoría de la Conspiración supone variar la mayor parte de nuestro conocimiento 180 grados, y el proceso de desaprender es tan radical que el sujeto que inicie el viaje necesitará apoyarse en guías para sostenerse en el camino y escapar de lo que se percibe como un brote de locura. Así, llegar a creer que el ser humano es parte de la «granja humana» que ha creado la élite para su alimento y aprovechamiento (como refieren los conspiranoicos) llevará al adepto incluso a rechazar tratamientos médicos, la vacunación o la transfusión de sangre, por miedo a que le enfermen o le implanten un chip, aunque la decisión le suponga ceder su propia vida.

No podemos descartar de entrada todas las ideas que se publican dentro del movimiento de la conspiración, aunque sí desconfiar de las explicaciones complejas y perfectas. Cuanto más perfecta y compleja se muestre la conspiración, más probable resultará su falsedad, ya que el aumento de factores implicados eleva las probabilidades de que alguno falle. Si el intento de convicción se produce de forma brusca y repentina, la capacidad de razonamiento será lo suficientemente fuerte para contrarrestarlo y desecharlo. Si el adoctrinamiento se produce de forma progresiva a través del encadenamiento de verdades y «medias verdades», la única barrera de protección del adepto será emplear su tiempo para la investigación, ardua tarea teniendo en cuenta que su cerebro ya ha decidido confiar en su fuente de información.

La Teoría de la Conspiración: proclamando el despertar de las conciencias

El concepto de que la mayoría de la población se mantiene dormida ante el entramado manipulativo de la élite hace que los seguidores de esta teoría desarrollen un sentimiento de ser los elegidos, con menosprecio hacia aquellas personas que no interiorizan esta visión del mundo. Teniendo en cuenta que el cerebro no busca hallar la verdad de los sucesos, sino más bien dotar de un sentido coherente a su relato, le resultará más fácil ir asimilando ideas si estas van encadenadas entre sí.

Para los seguidores de la conspiración, la realidad es una percepción creada bajo una falsa idea de la libertad y, si bien es cierto que entre los denominados conspiranoicos hay discrepancias, sobre todo acerca del origen del ser humano, el pasaje que a continuación se expone —y que se ha extraído de la ponencia «Somos esclavos» de José Luis Camacho, dentro del IV Congreso de Ciencia y Espíritu que tuvo lugar en Madrid en junio de 2010— tiene por objeto acercar al lector al fundamento de esta teoría:

El ser humano es una raza de esclavos sometida desde hace miles de años, un suceso histórico descrito en todas las religiones donde el ser humano aparece sometido por sus deidades. La creación humana depende de un eslabón que nadie encuentra. La humanidad ha pasado de ser mono a hombre en un momento de la historia que nadie enlaza, porque en realidad la humanidad fue fabricada. Las antiguas historias así lo relatan, y fuimos creados dos veces: la primera salimos tan perfectos que acabaron con nosotros, por miedo a que alcanzáramos a ser como ellos y así lo dijeron los antiguos reyes sumerios; posteriormente crearon una raza más estúpida, el ser humano actual. Los dioses dejaron una sangre híbrida entre los dirigentes para el control de la humanidad.

El ser humano trabaja para ellos y se mantiene esclavo bajo una compleja estructura social de carácter piramidal, donde los dirigentes, a su vez, son dirigidos por los dioses. Nos controlan sin que percibamos este control, lo que impide que nos rebelemos, al no tomar conciencia de la realidad. Coartan nuestra libertad y nuestra espiritualidad para que no conectemos con el «Ser Superior Creador». Piden sufrimiento y generan una sociedad deprimida para que se calle ante las injusticias.

Según los conspiracionistas, a través de los medios de comunicación nos imponen las leyes y crean la imagen del perfecto consumista; nos hacen ambiciosos y acallan la voz del pueblo con el miedo y el castigo; nos estudian a través de las redes sociales para favorecer nuestro control; utilizan la demagogia —«es por vuestro bien»—, para imponerse sobre nosotros. Si se produce una revolución. las fuerzas del Estado lo frustran; nos reprimen. Somos partes de la cadena alimentaria. Al igual que las plantas se comen a los minerales, los herbívoros a las plantas y los carnívoros a los herbívoros, el hombre es alimento de esta élite.

Llegados a este punto, qué mejor manera de desvelar esta teoría que a través del discurso casi literal de uno de sus guías, extraído de la ponencia anteriormente mencionada:

«No hay una fórmula perfecta para conseguir un mundo justo pero cada uno, de forma individual, puede favorecer este cambio creando conciencia. Piensen cada vez que actúen en crear conciencia. Cada vez que los medios de comunicación les quieran mentir, descúbranlo; sean analíticos. Sepan que lo que dicen es por su interés, no por el suyo. Mantened una mente revolucionaria, sed analíticos. Ellos conspiran contra nosotros. Las guerras se producen por las conspiraciones, los reyes caen por esto, los presidentes son asesinados por esto. La historia está forjada por las conspiraciones y es que a los conspiracionistas nos tendrían que llamar historiadores. Hay que ser más espiritual. Esto nos eleva por encima de los animales. Y dentro de la espiritualidad no actúe como misionero. No intente convencer a la gente. No vaya por ahí contándole a la gente estas cuestiones. Hay mucha gente que no quiere escuchar. Hable solo ante aquel que pregunte y se interese. Evite ser igual al resto del mundo. Sea individual, no sea otra parte del rebaño y obedezca como hace el resto. Para la élite es fundamental controlar el sistema educativo para meternos axiomas desde pequeños y meter la religión en el espíritu de los niños para ir introduciendo el miedo, las dudas, las inseguridades y la culpa como medio de control. Estos miedos e inseguridades los aprovechan cuando somos adultos para manejarnos. Para ellos es importante crear un código deontológico de conducta. El ser humano es un ser divino, único y exclusivo con un gran potencial dentro de él. Cada uno de nosotros somos una forma de Dios. Somos forma creadora y si el universo existe es por nuestra creación. Nunca rindáis vuestra mente a nada y a nadie. Ahora somos minoría, luego puede que seamos legión».

La conspiranoía

En conclusión, el lector debe sentirse libre de creer en lo que quiera y sacar sus propias conclusiones, siempre y cuando se guíe por un pensamiento crítico, basado en la contrastación de diversas fuentes de información, y se mantenga en una realidad que le permita preservar su cordura. La sociedad y los fieles seguidores de esta teoría se acusan mutuamente de manipular a la gente y de funcionar como una secta destructiva. En este cruce de acusaciones, los más osados y desalmados aprovechan la vulnerabilidad y la desgracia ajena para hacer su agosto, llegando incluso a empujar a alguno de sus miembros a un estado de paranoia por el alto nivel de desconfianza y de recelo que se crea.

Por eso, recuerde: protéjase de los guías y abra los ojos porque «la verdad está ahí fuera».

El escéptico(Otoño2016)

Karmele Sayans Psicóloga y coordinadora de RedUNE en el País Vasco

 

 

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