SECTAS COMERCIALES Y COACHING COERCITIVO (Reportaje desde México)

  • Red de Prevención Sectaria REDUNE
Por Jorge Alonso Espíritu

No prometen la salvación, ni la vida eterna, sino el desarrollo humano y la superación personal; su culto no es a un dios, sino a la figura de un líder carismático, y sus sesiones no las dirigen sacerdotes, sino coaches. Se trata de las “sectas comerciales”, un grupo de empresas que bajo la fachada de “entrenamientos de vida”, operan a lo largo y ancho del país sin una legislación que las contenga o las regule.

Mezclan la religión con la psicología, la psiquiatría con métodos militares, pensamiento mágico con psicoanálisis y lo peor es que se han adentrado en los sectores de mayor influencia: el sistema educativo, empresarial y político mexicano, y los medios de comunicación. Como consecuencia, sus víctimas desarrollan trastornos psicológicos y psiquiátricos: fobias, psicosis, paranoias, suicidios.

Suplen a las terapias psicológicas tradicionales, pero funcionan al margen de las leyes y los derechos humanos: cometen abusos físicos y psicológicos, evaden impuestos y, sobre todo, se hacen millonarios con métodos dudosos, todo esto ante el silencio de los organismos gubernamentales responsables, comenzando con la Comisión Federal de Prevención de Riesgos Sanitarios (COFEPRIS).

No hay cifras oficiales que establezcan la magnitud del problema, pero a decir de los expertos, tan sólo en la región Golfo-Centro, que comprende la Ciudad de México, Puebla, el Estado de México, Veracruz, Oaxaca y Tabasco, existen alrededor de 280 grupos autónomos que facturan más de 20 millones de pesos anuales, cantidad que no está fiscalizada.

Te presentamos el escabroso mundo de las sectas comerciales, a través de las historias de tres víctimas y del Doctor Héctor Cerezo Huerta, maestro en Desarrollo Cognitivo por el Tec de Monterrey, perito en psicología, columnista de Milenio y uno de los mayores expertos en el tema.

 

Norma: Worldworks México/ Better Me

(Actualmente colaboradora de RedUNE)

Tengo todo el tiempo para contarte lo que quieras saber acerca de la pinche secta mierda esa. Ellos me destrozaron mis planes y mis proyectos en la Ciudad de México. Soy modelo, mi sueño desde niña era ir a la capital, pero no pude cumplirlo hasta que, ya grande, me divorcié. Pero una vez allí, esa vieja, la “enroladora”, me arruinó todo.

Se llama Rocío Adame*. Era una amiga mía de muchos años. Ahora también dice ser coach, “especializada en nutrición”. A esta morra la conocí en el 2002, en un concurso de belleza, aquí en Mexicali, pero tenía mucho tiempo sin hablarme. Le conté que iría a México, y cuando le dije que me había divorciado la mujer se interesó demasiado. A mí me pareció medio raro pero dije, “bueno, es lógico que se preocupe”. Me ofreció quedarme con ella y entre todas las personas que conocía, la más factible era ella, así que acepté.

Cuando llegué, me dijo: es la primera y última vez que hablamos del tema de tu divorcio. Me preguntó cómo me sentía y le dije que bien. Desde ese día me empezó a bombardear con lo del curso. Un curso que me iba a cambiar la vida y no sé qué. Todos sus amigos habían tomado el curso y ella misma me dijo que no podía juntarme con ellos, porque primero tenía que estar procesada. No tenía nada en la ciudad, sólo dinero para buscar trabajo. Se supone que una amiga nunca te va a meter en algo negativo, entonces acepté asistir.

Lo raro comenzó cuando se acercó la fecha. La morra no quería hablar del tema. El costo del curso era de 6 mil 500 pesos, dinero que no tenía. Me dijo que iba a conseguir quien me lo pagara. Ella estaba como desesperada por conseguir el pago. Mientras, me dediqué a conseguir empleo, obtuve uno en una agencia de modelos, y otro como actriz extra.

Al siguiente miércoles llegué cansadísima porque había recorrido toda la ciudad. Como loca me marcó cuando estaba dormida y me dijo, “¡Vamos, ya! El curso es hoy”. “¿Qué no era mañana?”. “No, es hoy”. Llegamos al curso, en Plaza Exhibimex. Mi amiga me dejó allí y dos personas me dieron la tarjeta de la persona que pagó, se llama Oscar Martínez. Él cubrió los gastos de dos o tres personas para que asistieran al curso introductorio.

Al ingresar vi a unas personas muy raras, como drogados de tan motivados y felices que estaban. Esos días estuve de 7 de la noche hasta las 2 de la mañana. El sábado estuve de las 11 de la mañana hasta las 10 de la noche y el domingo, que era la graduación, estuve desde las 10 de la mañana a las 8 de la noche.

Son experiencias catárticas. Te llevan de la felicidad a la tristeza. Lloras, ríes, haces dinámicas fuera de lugar. Yo tengo problemas con estar mucho tiempo en un mismo espacio y me exigían estar sentada sin moverme. Conforme avanzaban las dinámicas yo decía, “esto está muy pasado de lanza”. Se notaba que las personas que dirigían las actividades no eran psicólogos: personas que te maltrataban, que te gritaban, que estaban exhibiendo tus problemas. Mi amiga me decía: “déjate coachear”. Pero lo del sábado fue lo más horrible que me pasó en mi estancia en la Ciudad de México.

Quedé en cenar con un amigo del grupo. Cuando iba a salir me dijeron que era necesario irme con dos de las líderes, que no podía ir a ningún otro lugar. En la secta me habían dicho que ese día tenía que estar conmigo misma, darme un baño, pero nunca me explicaron que no podía salir, que no podía hablar con nadie. Llovía a cantaros en la ciudad. Parecía una película de terror y las dos viejas estaban ahí sentadas, muy serias. Así que me comuniqué con mi amigo y le dije: “vas al departamento, te paras enfrente y me esperas hasta que te diga, porque está muy raro esto”.

Me retuvieron. No me dejaron ir. Se pusieron muy violentas y agresivas verbalmente. Nos fuimos al departamento. Rocío, la que me enroló, estaba en Mexicali y sin que yo supiera le dio las llaves también a una de las chicas. Estaba muy nerviosa. Le pregunté qué estaba pasando y la morra sacó un antifaz y bien enojada me dijo: “mira, te lo vas a poner, te vas a callar y vas a hacer caso a lo que te voy a decir. Vas a bajarte del auto, no vas a hablar con nadie, vas a dejar tu teléfono y vas a hacer lo que el coach dijo, al pie de la letra”. Yo sentía que me estaban secuestrando.

Me subieron al departamento, me dejaron sentada, me destaparon los ojos y estaba frente al espejo; había pétalos de rosa y notas en el espejo diciéndome un montón de cosas de motivación, como “AMATE MÁS” pero como la mitad decían “4s”. Y en el baño había como 100 notas más, con los mismos mensajes. Y entonces me asusté más, fingí que me había emocionado y las abracé hasta que se fueron. Le hablé a mi amigo y le dije que se metiera de volada. Cuando le conté todo me dijo: “Esta es una secta. Nos tratan como si fuéramos animales”.

Terminé el curso por consideración a mi amiga. El último día estuvimos a oscuras y me dijeron que estirara los brazos, y que estaría una persona súper importante en mi vida. Estiré las manos y estaba el señor que me pagó el curso. Me dijo que era un regalo y que iba a estarme apoyando Yo le agradecí y pensé en olvidarme de eso.

Regresé a Mexicali con la intención de volver a la Ciudad de México en un par de semanas, porque ya tenía trabajo. Al día siguiente, me desperté y lo primero que vi es un mensaje en mi celular de Óscar Martínez amenazándome. “Mi gente y yo ya nos estamos encargando de que pagues lo que me debes”. Le respondí, “¿Qué te debo? si todo el tiempo se manejó como un regalo”. Comenzaron a hacerme llamadas y mensajes diciendo que por qué no estaba en los cursos y que no iban a parar hasta acabarme.

Cuando empezaron las amenazas más fuertes empecé a investigar en internet y encontré toda la información de estas sectas. Pensé en cómo no se me ocurrió hacerlo antes. Pero nunca imaginé que mi amiga pudiera hacerme eso.

Fui a PROFECO, a derechos humanos, intenté hablar a COFEPRIS y nadie me aceptó la denuncia. Me dijeron que no tenían injerencia. La verdad es que son empresas que aprovechan las lagunas jurídicas para hacer sus cosas.

Comencé a tener paranoia, miedo de todo lo que dijeron. No pude regresar a la Ciudad de México. Tardé más de tres meses en encontrar trabajo. Sigo pagando deudas por ese tiempo. Las dependencias se manejan de una forma tan poco responsable. No puede ser que nadie pueda decirles nada. Los líderes salen en la televisión comercial. Son personas famosas.

El resto de la gente que tomó el curso sigue allá. Dicen: “Qué feo lo que nos pasó”. ¡Qué feo, no! Son chingaderas que la gente se deje. Hay gente que está ahí y después termina suicidándose por la presión tan fuerte de las mecánicas que manejan. Incluso llegan a tener relaciones sexuales entre el staff y las personas del curso.

En el salón había 200 personas, cada una pagando 6 mil 500 pesos. Y en los siguientes niveles parte de tus obligaciones es llevar 5 personas. Casi siempre es gente necesitada, que tiene miedo, que no puede hablar, que sufrió violaciones, maltratos, que son drogadictos y quedan expuestos allí. La gente es muy ignorante. A mí me impactó mucho ver a gente agradecida por ser maltratada. Es una pesadilla.

Luisa: Stratega, Puebla

 

En las sesiones participaron entre 150 y 200 personas. Había mucha gente foránea, de Guerrero, de Veracruz. Es muy interesante. Es un sistema de creencias y el perfil de las personas que captan es muy marcado: Un nivel académico bajo, un bajo nivel de comprensión, y muchas mujeres. Y, en consecuencia, el nivel del discurso es muy pobre. Asisten muchos enfermos. Porque todos tienen uno: un papá, una mamá, un hijo, un divorcio, una infidelidad a cuestas. Cada uno de nosotros carga un demonio.

Es tal el grado de sumisión que de ser violentado verbalmente, a recibir la violencia física hay muy poco espacio. Como estás necesitado, permites que cualquiera que se acerque a ti con cariño entre en tu vida. Y así parece que no se trata de una violación, porque lo estás permitiendo, pero ¡aguas!, estás en un estado de indefensión, por lo tanto hay un abuso.

El contrato que firmas tiene clausulas donde dice que si te pasa algo, no son responsables. Incluso puedes morirte. ¿Por qué? Porque te mantienen muchas noches sin dormir, entonces el cerebro al no resetearse, modifica su realidad y andas disociado entre lo que realmente estás viviendo y lo que ellos te implantan. Someten tu voluntad a través de la suspensión del sueño. Las sesiones son en la noche, no puedes comer. Yo de repente me comía unos caramelos a escondidas.

Su programa de actividades es muy puntual: Ingresas a las 7 de la noche y sales entre 1 y 2 de la mañana. Entras en un salón grandote y hay muchas sillas. Hay edecanes, hay mesas y te dan gafetes, hasta ahí parece todo muy normal, pero cuando entra el líder de la organización me recuerda mucho a los luchadores de la MMA, súper espectacular y todo mundo aplaude, y cuando te dicen silencio debes estar completamente callado y si te dicen agáchate hacerlo de inmediato.

Te mantienen sentado y no puedes cruzar las piernas y debes estar con las manos a los costados, siempre. Es algo sumamente interesante porque no te permiten sentir comodidad. Son aspectos del conductismo. Dentro del discurso gritan , levantan mucho la voz y de cada cinco palabras mínimo dos son groserías. Te hablan de manera muy altisonante y agresiva. Yo no sé qué buscan, si que te prendas para que los enfrentes y luego te “bajoneen”, o no entiendo. Al segundo o tercer día ya estás cabeceando, obviamente sales, y si trabajas, andas mal.

Es muy notoria la diferencia entre el discurso que utilizan para engancharte y el discurso que utilizan ya en el proceso. Si tú llegas tarde, te gritan que eres un estúpido, que aquí no vengas con pendejadas, que aquí no vas a hacer lo que quieras. Todavía me parece más delicado que saben cosas de tu vida. Porque en los formatos que llenas te preguntan si hay temas que quieras trabajar, como una muerte, una violación, un divorcio, algo por el estilo, para que se maneje de manera particular, para que sea eso lo que subsanes para crecer porque seguramente eso es un “tapón en tu botella” que no te permite brillar… y tú dices “chingón, porque lo quiero resolver, es un problema en mi vida”, y pues lo utilizan en tu contra. No sé si, por ejemplo, el que te “enrola” da una pequeña radiografía de quien eres. No lo dudaría porque a veces sacan algunos datos que dices: ¡yo no los di!

Siempre ponen la misma música al entrar. Entra el animador, se avienta un discurso, presentan la ruta de los temas y comienza a hacer un estudio de casos donde preguntan quien quiere hablar de su vida, como en una sesión de Alcohólicos Anónimos. Pierdes el sentido del tiempo. El cierre es mucho más pesado porque ya estás muy cansado. Y es el clímax donde trabajan lo de “saca tu bronca, abraza al de junto, y cuéntale tu historia”, y mucha gente llora.

En mi caso, a la persona que me invito yo le tengo mucho cariño y confianza. Lo platiqué con él y le dije: “Todo esto no va a ser que tú y yo nos distanciemos”.

Yo me salí. No permití que me gritaran, no permití que me tocaran mis fibras más sensibles y me corrieron. “¿Y tú quién te crees, crees que por tu cara bonita puedes manipular a la gente. Le dije: “¿Sabes qué?, ni siquiera me conoces como para hablar de mí”. Aparte era un escuincle. No desacredito las edades, sino el nivel de madurez. Le rebatía y llegó el momento en que se quedó callado y todo el público se sacó de onda. Así que me pidieron que me retirara y todo se puso tenso porque muchos aguantaron los gritos, que los sobajaran. No me importó dejar mi dinero. Ni modo, me costó un buen varo aprender. Había mucha gente que quería salirse y no podía.

¿En qué nivel de sus vidas estarían como para que este proceso lo vean como un ejercicio nutritivo de crecimiento?

Te ponen retos a lograr, como pararte en forma de cruz en una esquina. Recolectar dinero. Te manejan esas estrategias como grandes logros y tú los pones en un pedestal, “las personas que te abren la conciencia y sacan tu yo valiente”. Se recolecta dinero: yo no sé si eso está normado por Hacienda.

Su señal son los 4 dedos. Hay muchos coches que en la parte de atrás tienen la señal de un 4. Las personas tienen un código. Como una secta. Te ven en la calle y te hacen la señal del 4. Hay personas de la farándula que son cuatreros, como Fernanda Familiar. Me llama la atención cómo han prosperado y cómo se han metido a la médula de los sectores educativos. Se está promoviendo este tipo de organizaciones entre el colectivo docente. Uno de los empujes es entrenar vendedores. Como pequeños zombies, o bots.

Entrar es una decisión muy grave. Si las personas que van tuvieran ayuda psicológica gastarían mucho menos y estarían mucho más seguros. Los líderes nunca presentan sus títulos ni cédulas. Se maneja mucho el mentoringcoaching, expresiones que han tomado mucha fuerza dejando a los psicólogos en segundo plano, porque sus resultados son más rápidos. Pero estas no son ciencias. Hacen una reprogramación neurolingúistica muy apegada al conductismo, pero es infame manejar los ciclos de sueño, la alimentación y la autoestima.

 

Gerardo: Creatum libertas, Cancún

 

Pasaba por una depresión intensa. Un amigo me invitó al curso. Le pregunté qué hacían y me dijo que no me podía decir, pero que fuera, que me ayudaría mucho. Mis papás aceptaron pagar 10 mil pesos y fui a Cancún a tomarlo. Yo soy de Mérida, Yucatán.

Llegué y me llamó la atención que una de las primeras cosas que hacen es usar música, los del staff parecen robots, muy coordinados y te hacen firmar que estás consciente de que ellos no saben nada de la salud metal, y también un acuerdo de confidencialidad.

El coach se llamaba Andrés Lodieu y trabajaba una técnica que se llama introspección. En cada empresa los métodos son los mismos, pero cambian los nombres, siempre hay abuso psicológico, denigración, fatiga física y mental.

En el primer nivel, te ponen al centro del grupo y comienzan a gritarte preguntándote qué quieres. Y tienes que responder gritando. Todos escuchamos las historias de las personas, pero al final a todos los tratan igual. No hay un ámbito personalizado. Atienden igual todos los traumas: violaciones, enfermedades, asesinatos. Manejan algo que llaman feed back: si haces algo bien, te felicitan; si haces algo mal, hay una sarta de gritos por horas.

Nos hicieron creer que todo lo que nos ha pasado es nuestra culpa. Si algún día te violaron, es tu culpa. Si algún día te robaron, es tu culpa. Cualquier cosa que te ha pasado es tu culpa, aunque fueras niño cuando te pasó.

Nos ridiculizaron: a mí me hicieron vestirme de Superman con lo que encontrara, a otra chica con bikini, y tenía que salir por la calle como si fuera Miss Universo, a otra como conejita de Playboy, y a otro compañero como gay. Teníamos que estar todo el día soportando esa humillación. Nos prohibieron también ir al baño.

Para el segundo nivel piden comprometerte a llevar gente. En nuestro caso, nos pidieron llevar a seis personas. Hay un guía que está contigo todo el curso. Puede pasar que te convenzan de casarte con él.

Ninguno en el staff tiene entrenamiento en salud mental, hay enfermeros, abogados. Y hay familias enteras tomando cursos y han desarrollado una especie de tradición, en la que si tú renuncias a la secta te separan del núcleo familiar: te dejan de hablar, te tratan de hereje, de traidor.

En ese nivel me practicaron hipnosis. Me hicieron ver mi muerte. Primero me pusieron una grabación en la que simulaban que estaba en un crucero y me hacían sentir bien. Repentinamente el barco chocaba y sólo había un bote, tuve que saltar al agua, donde me buscaban los servicios de rescate: Me encontraron muerto, y me enterraron. Y vi todo. Pero yo me sentía feliz, porque te convencen de que todo lo que vives en el curso es bueno para ti.

Para el tercer nivel nos comprometimos, entre cuatro personas, a juntar 1 millón 200 mil pesos de donación en especias, ropa, juguetes, comida. Ahora sé que es para evadir impuestos. Un día encontré en internet información sobre el coaching coercitivo. Sobre las sectas. Y me di cuenta de todo lo que me habían estado haciendo.

Desarrollé ataques psicóticos muy fuertes. Comencé a recordar muchas cosas en cuestión de segundos, y no era capaz de controlarlo. Tenía impulsos de salir y matar gente. Ataques de ansiedad e ira. Hasta hace poco, con ayuda de un psiquiatra, pude superarlo. Mi familia creía que tenía un cambio positivo, hasta que vieron la verdad del curso.

 

 

https://www.facebook.com/watch/?v=1961540837420165

* La coach Rocío Adame se especializa en nutrición, en la empresa Better Me, al ser confrontada por un especialista, declaró no tener estudios en la materia.

https://www.facebook.com/strategasilocreeslocreas/videos/783739388502601/

https://www.facebook.com/watch/?v=783767288499811

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Alexander Strauffon 05/17/2020 12:59

Un vistazo a cómo son las sectas o cultos actualmente, disfrazadas de grupos de autoayuda, "coaching", o de superación personal, valiéndose de psuedociencia y conceptos improvisados o copiados de distintas corrientes científicas para atraer, engañar, y terminar coaccionando y dominando a la gente:

https://alexanderstrauffon.blogspot.com/2013/10/las-sectas-o-cultos-en-la-actualidad.html

Karina M. 09/28/2019 07:47

Duden de todo lo que quieran, menos de la capacidad manipuladora de un líder. Temanle no a los vendedores de milagros, sino a los que convencen a jóvenes para que recluten niños de secundaria en grupos donde les premian pequeños esfuerzos y luego les rompen el autoestima. Les dan un supuesto rango al cumplir la mayoría de edad ya que los "trabajaron" por más de 3 años y ahora sí, a volverse esclavos del líder para financiar su estructura. ¿Quieren más perversión?

Everardo 09/26/2019 00:00

No denigres al verdadero coach hay mucho que si estudiaron y son certificados, es obligación presentar las credenciales de la ICF

Gabrieala Sada 09/25/2019 16:45

Me parece solo una publicación de tabloide barato, sin argumentos claros, evidencia, si no más bien me parece la publicación de alguien ardido y fracasado por qué no es capaz de enfrentarse a su propia vida y graduarse de los entrenamientos, el coaching ha existido por décadas e incluso hay organismos que lo regulan como la ICF.

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