*SECTARISMO EN EL ISLAM ¿Existen sectas en el Islam? María Ángeles Corpas, doctora en Historia Contemporánea y experta en el Islam

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*SECTARISMO EN EL ISLAM ¿Existen sectas en el Islam? María Ángeles Corpas, doctora en Historia Contemporánea y experta en el Islam

¿Hay sectas en el Islam? ¿Hay sectas islámicas en España? Dentro del Islam existen divisiones, escisiones históricas que no pueden considerarse estrictamente “sectas”. Existen detectadas al menos 70 sectas de muy diversa condición: ideológica, étnico-nacional, mística y escisiones heterodoxas contemporáneas. En España, encontramos dos grupos bien definidos. Una realidad embrionaria frente al desarrollo que ha adquirido en otros países occidentales y que está determinada por el cambio acelerado del hecho religioso y la presencia de nuevas espiritualidades en nuestro país.

La dificultad de definir una secta en el Islam

El Islam nació como un conjunto teológico breve, comprensible y eficaz. Su sencillez se basó la creencia en Dios único (un monoteísmo neto), sin que apareciera asociado al seguimiento de unos rituales y ética complejos. Además, compartir la fe igualaba a todos los creyentes en un contexto fuertemente marcado por las diferencias sociales. En definitiva, esta propuesta contenía un “máximo de complejidad” en la “simplicidad”, sin aceptar ningún tipo de sincretismo o mezcla.

Como sucede con otras tradiciones religiosas, es el tiempo el que va depurando donde radica la ortodoxia y el podo de llevarla a cabo (ortopraxis). Así también en el Islam, la práctica ritual se ha ido ajustando a tradiciones normativas elaboradas progresivamente. Un esfuerzo para conservar la esencia de la fe, sin contaminaciones ni mezclas. En este proceso de consolidación se fijan instituciones, textos y normas. Es también donde la frontera con las desviaciones heterodoxas se va definiendo. Las discrepancias pueden surgir a nivel individual. Pero cuando un colectivo con capacidad de crecimiento y movilización es quien protagoniza este hecho, los desacuerdos pueden convertirse en escisiones o cismas.

En el mundo islámico, la principal corriente escindida de la mayoría suní es el Chiísmo. Constituyen aproximadamente el 12-15 % del total de los musulmanes. Partidarios de la sucesión del Profeta Mahoma por parte de su yerno Ali. Es decir de un califato de raíz familiar que rechaza las dinastías Omeya y Abasí de raíz sunita. De hecho, el propio término chií se refiere al concepto de “fracción” y chía define a los “partidarios de una causa o conjunto de adeptos”.

La idea de secta como escisión, nace así de una interpretación crítica de la autoridad o del contenido canónico de la creencia. No obstante, este término también incluye la existencia de un grupo reducido, fuertemente jerarquizado por un liderazgo carismático, proselitista y con connotaciones negativas. En el caso del Islam, la ausencia de una sola jerarquía visible y las interpretaciones discrepantes sobre determinados aspectos de la ortodoxia, complican aún más el establecimiento preciso de lo que sea una “secta islámica”. Debe también considerarse que de forma complementaria a la secta en sentido estricto, existen ciertos rasgos de “comportamiento sectario” que impregnan la ideología y las prácticas de algunos grupos islámicos.

La diferencia entre escisión y secta

Como hemos visto, resulta importante tener en cuenta estos rasgos que hemos expuesto, ya que complican el establecimiento de una diferenciación única y cerrada de lo que son ramas/corrientes y las sectas. Las primeras implican una escisión de la ortodoxia, que cuestiona algún aspecto u orientación, pero que no desdibuja el resultado hasta el punto de convertirlo en un credo diferente del que nació. Este sería el caso del Chiísmo, que hace una lectura particular de la herencia histórica del califato ortodoxo y tiene muy desarrollado un modelo clerical de cierta tendencia teocrática.

Estas diferencias con la mayoría suní han creado una división interna ciertamente muy profunda, aunque no tan amplia como para que se cuestione la naturaleza islámica de esta tendencia. Por tanto, el Chiísmo sería una secta si lo consideramos como una desviación de la corriente principal, un cierto cisma. No lo sería si tenemos en cuenta que los suníes, custodios de la tradición y los santos lugares, siguen reconociéndolos como musulmanes, hermanos separados con los que comparten lo esencial de la creencia.

Las sectas islámicas comparten denominadores comunes con el resto. Especialmente porque tratan de manipular lo que la persona es realmente. Una destrucción interior que la deja a merced del grupo sectario. No será libre y ya no tomará sus propias decisiones, sino que el grupo las tomará por ella. Y la secta le proporcionará una respuesta definitiva a todas sus preguntas y necesidades existenciales. Deposita su confianza en el grupo para que sea éste el que interprete y gestione las acciones concretas que este cambio espiritual ha de operar en su vida cotidiana. Es evidente que en este proceso de manipulación entran en juego muchos factores: perfil psicológico, la existencia o no de una fe previa, lugar de origen, entorno familiar y social, formación académica, etc.

Los grupos sectarios islámicos no hacen proselitismo (da’wa) en términos convencionales. Algo que constituye una obligación de todo musulmán piadoso. Más bien se pervierte este mandato para utilizarlo a conveniencia de los intereses particulares del grupo sectario y su líder. Las sectas han convertido este anuncio en un mercado de captación de fieles.

Sectas islámicas presentes en España

Pese a que no son estrictamente musulmanes, la Fe Baha’i puede incluirse en este apartado si consideramos su origen en el Chiísmo duodecimano. Es decir, el que cree en la misión de los doce imames (cadena de transmisión desde Mahoma) y que espera el regreso del imam oculto, apodado el Mahdi. Está fundada por Bahá’u’lláh (1817-1892), y actualmente tiene alcance global. Este noble persa fue seguidor del profeta el Báb, fundador de esta creencia y cuyos escritos se consideran textos sagrados.

Los musulmanes son especialmente reacios a aceptar que cualquier figura religiosa sea elevada a la categoría de profeta con posterioridad a Mahoma. Así, a este culto a la personalidad del líder-fundador, se une su aspiración de conseguir la unificación de diversas tradiciones y mensajes proféticos. Algo que la distancia de cualquier visión ortodoxa del Islam: “Ser un baha’i significa, sencillamente, amar a todo el mundo; amar a la humanidad y tratar de servirla; trabajar por la paz y la hermandad universal”.

La Comunidad Baha’i de España tiene presencia desde mediados de los años 40. Actualmente cuenta con unos 4.000 seguidores, muy activos en los foros de diálogo interreligioso. Están organizados en dos asambleas nacionales: la Asamblea Nacional Española y Asamblea Espiritual Bahá’í de las Islas Canarias. Según los datos oficiales poseen 42 lugares de culto, distribuidos en Ceuta, Melilla, Andalucía, Levante, Baleares, Valencia, Cataluña, Aragón, País Vasco, Asturias, Castilla-León y Madrid.

Desarrollan actividades de atención social abiertas sin distinción de creencia, condición social, nacionalidad o etnia. Sus encuentros son presentados como “mejora humana” y el “espíritu de unidad y alegría que nace del principio de que todos somos hojas de un solo árbol y olas de un mismo mar”. También ofrecen los llamados “círculos de estudio”, orientados a “descubrir las preciosas joyas que hay en tu interior”. Estos encuentros tienen una periodicidad semanal y su duración es trimestral. En ellas jóvenes y adultos interactúan en “un proceso de aprendizaje participativo para buscar un sentido más profundo a su existencia”.

También se incluyen actividades ocasionales de servicio comunitario e integración grupal. Los círculos de estudio de todo el mundo han demostrado ser instrumentos efectivos para la transformación personal y social. De modo complementario realizan los llamados “encuentros de inspiración”, en torno a “lecturas hermosas y profundas (…) que despiertan la sensibilidad (…) y nos acercan a nuestra realidad espiritual y nos proveen de un espacio de iluminación y paz”. A esto unen su propaganda a través de la Editorial Baha’i de España, fundada en Tarrasa en 1969, y cuyo objetivo principal ha sido la de conformar una “ayuda a las personas en su evolución espiritual (…) y para su aplicación a las distintas necesidades de la humanidad”.

La comunidad Yamaat Ahmadia del Islam en España supone un porcentaje mínimo dentro del panorama musulmán español (0’1%). Sus centros aparecen asociados a mezquitas en Andalucía (Mezquita Basharat) y Valencia (Mezquita Baitur-Rahman). Antes de contar con estos centros, este movimiento internacional de origen indio ha desarrollado una intensa labor de proselitismo en España desde finales de los sesenta, introduciéndose a través de Gibraltar. Según sus relatos internos hablan de una primera “misión” en Madrid en 1946.

El liderazgo carismático de su fundador, Hazrat Mirza Bashirud Din Mahmud Ahmad, unido al perfil mesiánico / profético de sus sucesores, ha llevado a que la mayoría de los musulmanes no los reconozcan dentro del Islam ortodoxo. Defienden una lectura individual del Corán que colisiona con otras escuelas tradicionales sunníes, donde existe una clave interpretativa propia de cada tradición jurídico-teológica ya establecida. Por ejemplo, Arabia Saudí no les permite visados para acudir a la peregrinación o el gobierno pakistaní le prohibió declararse musulmanes en 1984.

Este grupo establece un paralelismo mesiánico entre la figura de Jesús y Ahmad, ambos incomprendidos y perseguidos. A ello añaden el curioso dato de su advenimiento trece siglos después de las figuras fundadoras de Moisés (en el caso de Jesús) y Muhammad (en el caso de Ahmad). A diferencia de un Islam ortodoxo, la figura del fundador ejerce un rol de intermediario en la exigencia de fidelidad absoluta, tanto en la iniciación como en la vida del prosélito.

Este rasgo sectario resulta muy acusado al existir el llamado “Pacto de Iniciación”. En él se fijan las condiciones de la adhesión (el Bait), por encima de cualquier otro rasgo de fidelidad o identidad de la persona adepta. En este pacto, se especifica que “la persona que se afilia al Movimiento Ahmadía, debe decidir, de manera firme, cumplir las siguientes condiciones (…) 10. Establecerá un vínculo de hermandad con este humilde siervo de Dios, prometiéndome obediencia por amor a Alá en todo lo bueno; y lo mantendrá hasta el día de su muerte. Que sea tal esta afinidad que no se encuentre otra semejante en otro tipo de relación o parentesco que requiera obediencia”.

Entre sus actividades, destaca la de la organización caritativa Humanity First, radicada en el Reino Unido. Se autodefine como “agencia de desarrollo y ayuda internacional, apolítica y no-sectaria, que trabaja con diversas comunidades, en todo el globo”. Los miembros de la comunidad entienden esta labor como servicio social mediante “sacrificios desinteresados, afecto y devoción”.

Desde su primera reunión en Qadian (India) en 1891, el grupo ha llegado a poseer una ramificación importante. La Convención Anual del Reino Unido ha reunido a más de 20.000 personas, atrayendo a visitantes, dignatarios y personalidades de todo el mundo. El propósito de estas reuniones es analizar el trabajo realizado y aprovechar las conferencias de expertos y del Califa en temas islámicos y de interés actual. Estas reuniones son retransmitidas por la MTA (Muslim Television Ahmadiyya) que apareció en 1992 con el propósito de proporcionar “una alternativa positiva al mundo de las emisiones televisivas”. Fue ideada por el cuarto Califa de la Comunidad Ahmadía, Hazrat Mirza Tahir Ahmad. Desde 2010 también se ha asentado en Perú gracias a Fazal Elahi Qamar, miembro de la Comunidad Ahmadía de España y su actividad de tabligh (predicación) en Cuzco y Lima.

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